Mi primera relación sexual, fue totalmente horrible.
Tenía 19 años y ya me masturbaba, cuando tenía “ Ganitas” lo hacía y aunque era
la primera vez que iba tener relaciones él se dio cuenta que yo no era virgen.
Entonces, pegó el grito al cielo. Me dijo de pe a pu. De as a es. Y por lo
tanto le expliqué. Me creyó por la evidente arrechura y me pidió que le haga un
blow job. Cosa que no sabía. Y me dio asco.
Luego el coito, fue bastante malo. O sea, por el amor de dios, tenemos que tener previos. PREVIOS. Luego de
esa traumática experiencia, terminé con él y juré y recontra juré no hacer más
el amor con un hombre.
La segunda vez que tuve relaciones con un hombre, fue
regular tenía veinte años y él era mayor que yo por cinco años. No me pidió un blow job,y tuvimos previos,
además el vino ayudo mucho y fue bastante regular, pero no media sus tiempos.
Digo bastante regular, porque después del sexo se fue a orinar y fumar el
horroroso cigarro.
La tercera vez fue la vencida. Tuve relaciones pero con
una mujer, una chica guapa y rubia, de buen cuerpo, buenas tetas – digo tetas,
porque no me gusta la palabra senos, me parece bastante zonzo- La chica, me enseñó a conocer más mis puntos
cardinales, me hizo venirme, me sentí bien. Las cosas fueron mejor mientras
avanzamos en la supuesta relación, no me gustan las relaciones, pero con ella
era distinto, tenía miedo que me enamore de ella. Bastante tarde me di cuenta
cuando su enamorado, nos grababa y se masturbaba viendo como nosotras hacíamos el
amor. No me pude imaginar cuando el voyeur se masturbaba mientras yo le besaba
el sexo húmedo a mi rubia compañera. Ella me confesó que lo sabía desde el
princio, que sabia todo – la muy perra- y que quería que los tres tengamos
sexo.
Mis ganas no se aguantaron y tuvimos sexo los tres. Él
era alto y delgado. Tenía en el bóxer un bulto bastante prominente, lo sacaba
mientras mi rubio amor me besaba la espalda, tuvo una erección y fue el pene
más hermoso que había visto. Era grande y bonito – a pesar que los penes, no
son bonitos- fue en ese instante que me di cuenta que no me gustaban sólo las
mujeres si no que también los hombres. La cosa se puso mejor cuando él metió
despacio en mi sexo su hermoso pene y mi rubia amiga me besaba. Me sentí una
sucia, una perra, pero me gustaba. Me gustaban ambos. Ella me hizo venir,
mientras tocaba despacio mi cuerpo y él seguía penetrándome como un ángel sin
aparente dios. Luego de eso él penetró a
ella y yo la besaba despacio todo su cuerpo, sus senos rosados y su espacioso
amor bajo el vientre.
Tenía una contradicción conmigo misma. Cómo era posible
que a mí me gusten ambos. Era imposible tremendo pecado. Mi colegio de monjas y
mis padres serios me lo impedían. Viajé a la semana siguiente a Londres. Aún me
masturbo mientras recuerdo a esos dos amores locos.
Tuve un orgasmo literario, querida.
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